viernes, 30 de octubre de 2015

Si naces pobre, no es tu culpa; pero si mueres pobre, ahí sí es tu culpa.

No hace mucho en una conversación académica, un amigo citó esa frase para argumentar que todo ser humano puede salir adelante, solo hace falta que “se ponga las pilas” y que tome acciones destinadas a ejercer su capacidad emprendedora (capacidad que todos poseemos, pero que no todos nos atrevemos a desarrollar).

La frase en cuestión es frecuentemente atribuida a Bill Gates, magnate norteamericano que comenzó prácticamente desde cero, y que con unas cuantas buenas ideas (algunas originales y otras robadas, no importa) se convirtió, en un par de décadas, en uno de los hombres más influyentes de la historia moderna.
El pobre Bill seguramente que fue descontextualizado, porque por sí sola esta frase no solamente es falsa, sino que llega a ser ofensiva.

¿Por qué es falso que solo necesito de mí mismo para salir adelante?
Es muy extendida la idea de que cada quien es dueño de su propio destino, de que cada uno construye su propia felicidad (o infelicidad), o que las oportunidades están ahí, esperando que alguien las aproveche; y un sinfín de pastillitas para levantar la capacidad emprendedora.
Sin embargo, el hecho de que mucha gente crea en algo, no significa que ese “algo” sea cierto. A lo mejor en muchos casos es cierto todo eso que la gente optimista suele decir: que estamos aquí para dar lo mejor que tenemos, y con ello tener éxito.
Lo que no termina de convencerme, es que el concepto detrás de ese pensamiento es que la pobreza se supera mediante el esfuerzo personal, ello como si la tarea de “dejar de ser pobre” dependiera exclusivamente de la persona que lo es.
Y esa es una verdad a medias, pero para explicar esto, primero hay que dar un vistazo al significado de “pobreza”:
Tradicionalmente, la pobreza ha sido conceptualizada como “déficit de ingresos”, esto es, “pobreza monetaria”; o cuando mucho en términos de necesidades insatisfechas. Y ese enfoque lo vemos materializado en indicadores, como la famosa “línea de pobreza”; o en herramientas metodológicas, como los “mapas de pobreza”. Este enfoque sirve esencialmente para identificar la miseria y paliarla, normalmente mediante políticas públicas de corte asistencialista.
Este análisis de la pobreza es vacío y reduccionista, pues en primer lugar no explica nada acerca de las causas de la pobreza, y en segundo lugar simplifica la idea de pobreza y la coloca en términos de consecuencias (necesidades insatisfechas), y en una sola dimensión (el dinero disponible).

Entendiendo la pobreza.
En contraste con lo anterior, una aproximación más inteligente para definir la pobreza, es la propuesta por autores como Amartya Sen (economista indio, premio Nobel en ciencias económicas en 1998 por sus contribuciones a la economía del bienestar), o Martha Nussbaum (filósofa americana, premio Príncipe de Asturias en ciencias sociales en el año 2012). Estos autores plantean el concepto de pobreza como “privación de capacidades”. A continuación una síntesis de las principales ideas de estos autores (como si fuera una sola elaboración, sin separar las sutiles discrepancias que haya entre ambos. Para mayor curiosidad, ir a las fuentes originales, citadas al final de este post).
Por ejemplo, alguien está haciendo ayuno, y hay otra persona que no tiene qué comer. Ambos tienen el mismo funcionamiento en cuanto a lo nutricional (ninguno ha comido), pero cuando se trata de las capacidades que poseen, ahí viene la diferencia: uno de ellos puede elegir dejar ayunar, y por lo tanto comer; en tanto que el otro no tiene elección.
Ahora caemos en cuenta del significado de “capacidades” dentro de esta caracterización de la pobreza: una persona puede ser pobre en ingresos, pero si tiene la libertad para explotar su potencial, esa pobreza será solo temporal; en tanto que si una persona está privada de desarrollar sus habilidades, su pobreza monetaria se va a mantener inamovible. Entendiéndose "capacidades", como libertad para tomar acciones.
Es así como las virtudes de nuestra personalidad, nuestra inteligencia, nuestras habilidades desarrolladas, etc., son entonces “capacidades internas” que por sí solas no garantizan nada, pues estarán mediadas por el grado de libertad que exista en el entorno, es decir por las condiciones sociales, económicas y políticas (que pueden ser facilitadoras o limitantes).

Tómalo en cuenta
Lo que la perspectiva de capacidades aporta en el análisis de la pobreza, es que fortalece la comprensión de la naturaleza y causas de la misma, al desplazar el foco de atención hacia los fines. Típicamente la atención en el análisis se ha centrado en los medios (especialmente el dinero); en cambio, parece mejor un análisis enfocado en los fines o metas de las personas (las “razones para vivir”, por cursi que pueda sonar), y con ello, dirigir la atención hacia las libertades que las personas necesitan para ser capaces de llegar a esos propósitos. Esta idea incentiva la puesta en práctica de políticas de desarrollo de capacidades, esto es, ir más allá del quehacer asistencialista.
Por eso, la próxima vez que escuches que “uno es pobre porque quiere serlo”, o ideas similares (o peor aún, que “la plata llega sola” u otras sandeces de semejante calibre), recuerda que no todos tenemos la misma libertad para poder desplegar nuestro potencial, recuerda que no vives en un país justo, recuerda agradecer por haber crecido en un entorno que facilitó y permitió que pudieras tener la suficiente libertad de acción para obtener logros de los cuales sentirte orgulloso, aunque sea en cierta medida.


Referencias:
Nussbaum, M. (2011). Creating Capabilities. The human development approach. Cambridge, Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press.

Sen, A. (1999). Development as Freedom. New York: Oxford University Press.